La raza de pollos broiler es el resultado de décadas de manipulaciones genéticas que buscan la máxima rentabilidad en la explotación de estos animales. Así, con poco más de un mes de vida, los broiler habrán triplicado su peso proporcionando a la industria una carne con bajos costes de producción.
La sobrecarga de peso genera hinchazón crónica y fracturas óseas en las patas de los pollos impidiendo su movilidad. Esta postración forzosa produce dolorosas rozaduras y escarificaciones que, a menudo, derivan en graves procesos infecciosos.
Pero el incremento antinatural de peso también afecta a los órganos internos. La compresión de corazón y pulmones provoca una insuficiencia cardiaca y respiratoria que causa sensación de ahogo constante en los animales.
Desde su nacimiento, los pollos broiler vivirán confinados en naves de engorde en las que se hacinan miles de individuos. Tras una breve existencia de sufrimiento y privaciones, a los 45 días de edad serán asesinados en el matadero para convertirles en carne de consumo humano.