El maltrato de los bebés

rejas
Foto: Jon Amad

La mayoría de los lechones al poco de nacer en las granjas son sometidos ya a prácticas brutales y dolorosas.

Una de ellas es el descolmillado, para evitar mordeduras durante el hacinamiento en el van a tener que vivir. Se efectúa con unas tenazas, seccionando la punta del diente, lo que a veces provoca lesiones en la encía o astillamientos. Algunos lo hacen con limadora, pero es un procedimiento más caro y que lleva más tiempo de trabajo (26,5 seg por lechón frente a los 2 seg. de las tenazas)

El corte de rabo se realiza también para evitar mordeduras, debido al gran nivel de ansiedad provocado por el encierro. Hay que hacerlo a las pocas horas del nacimiento, con tijeras o tenazas y por supuesto, sin ningún tipo de anestesia.

A los siete días del lechón se lleva a cabo la castración: “El momento óptimo para realizar la castración, se sitúa en el 7º día de vida. Con esta edad los lechones pueden resistir bien la operación, tienen un tamaño de testículos ya suficiente para la práctica, queda tiempo suficiente hasta el destete para que la herida esté completamente cicatrizada y podemos realizarlo en la explotación con personal formado en esta práctica.” Obviamente y de nuevo, sin ningún tipo de sedación, ignorando el dolor del bebé.

Esta es la realidad de la explotación, donde miles y miles de individuos nacen para ser maltratados, tratados como objetos de consumo y morir prematuramente sin haber visto jamás la luz del sol.

El cambio está en nuestras manos: vive vegan.